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Sintió como un vacío que
precedía a la saturación, poderoso como un tsunami. Y así como en este las
aguas se retiran para inminentemente arrasarlo todo con la gran ola, temió
su incontinencia, la vio llegar, ruidosa, rugiendo en sus entrañas, abocando
al exterior con la fuerza de la marea.
Yuko se retorcía y jadeaba poseída, envistiendo con la pelvis, uniéndose
al rítmico compás de sus cinturas. Masao observaba su miembro entrando y
saliendo, con virulencia, casi con saña. Ella lo agarraba de las nalgas,
clavando sus uñas, arrastrándolo hacia si, y el miembro, más que
introducirse, se incrustaba, perforando, irrumpiendo en cada empuje con
grotesca profusión, saturándola.
Comenzó a contar para abstraerse, para no irse, para retardar lo inminente,
lo imparable. Comenzó a contar cada envite, cada rítmico lance, cada
puñalada de sus sexos violentos y pasionales. Uno, dos, tres, cuatro… y
seguía perforando, irrumpiendo en sus entrañas. Quince, dieciséis,
diecisiete, dieciocho… podía sentir, oír, el ruido seco y contundente de sus
pubis al chocar, toc, toc, toc, toc… treinta y seis, treinta y siete,
treinta y ocho… Yuko parecía ahogarse en sus jadeos, deteniendo la
respiración y tensándose, como agonizante, delirante, se corrió…
Masao bajó el ritmo pero siguió dando leña, manteniendo la cadencia.
Sesenta y dos, sesenta y tres, sesenta y cuatro… y apenas se percato de que
había entrado en flujo.
(Masao lo llamaba "entrar en flujo". No era nada premeditado ni consciente,
ni siquiera era algo controlable. Simplemente, a veces se concentraba tanto
en una tarea, la que fuera, que parecía convertirse en una maquina y
funcionaba a la perfección, dando todo de sí, mecánico, como si él mismo,
ajeno a su cuerpo activo, se observara trabajando, abstraído pero
concentrado. Y podía tener su mente funcionando con claridad, como ajena a
la labor que realizaba, mientras su cuerpo se movía enérgicamente, con
precisión, en una actividad casi frenética y totalmente controlada.)
Estaba allí, impulsando todo su cuerpo en un punto, como un percutor, con la
cabeza saturada de sustancias placenteras, extasiado, excitado, pero en una
meseta que le permitía permanecer en ese estado de excitación a su antojo,
sin dispararse los mecanismos que lo llevarían a una resolución inmediata de
la tensión acumulada. Y observó con delectación como Yuko alcanzaba de
nuevo el clímax, como se tensaba todo su cuerpo y permanecía casi inmóvil
unos instantes para dejarse caer, y como una ola o una onda en una charca
sentía recorrer la sacudida por todos sus músculos.
Masao seguía impulsando, insuflando éxtasis con su apéndice masculino.
- Ya, ya, articuló Yuko.
- Date la vuelta. Dijo Masao mientras la volteaba sobre la cama y la
alzaba agarrándola por la cintura.
Yuko se quedo inmóvil, de rodillas y con la cabeza apoyada sobre sus
brazos y el lecho. Masao se colocó detrás de ella y con dulce
condescendencia, como la loba que lame a sus cachorrillos dormidos después
de amamantarlos lamió el valle del placer de Yuko, de arriba abajo y
viceversa, lentamente, sin prisas, deleitándose en cada pliegue, libando
como una mariposa entre los pétalos de su amada hasta que percibió el cambio
en sus gemidos y sintió como los suspiros de gozo relajado comenzaron a
tomar nuevamente un cariz mas carnal.
Con ambas manos tomó las nalgas de su amada y las acarició en círculos,
rodeando cada nalga con la mano y pasando los pulgares de arriba abajo por
la hendidura, jugando entre sus pliegues. Nuevamente pasó su lengua
humedeciendo cada recoveco e introdujo los dedos en el pequeño orificio. En
el pequeño.
Lentamente giró estos en su interior adentrándose en profundidad, palpando
su textura. Se incorporo ligeramente y sin más demora apoyó su glande a las
puertas de Grecia y entró arrollador, hasta dentro. Yuko gimió quejosa,
casi como un maullido…. Masao comenzó el ritmo de percusión y Yuko su
canción jadeante y ambos se entregaron a esa sinfonía primigenia del placer
mas intimo.
Una vez más Yuko subió a la cima del placer, al punto crítico de la
excitación sexual y cuando hubo descendido, descendido del todo.... Porque
una vez alcanzada la cima, apenas empezaba a bajar, en una, en dos y hasta
en tres ocasiones volvió a coronar la cima para deleite de ambos. Cuando
hubo pues, definitivamente descendido del todo, se dejó caer, giro sobre si
misma y le dio placer oral a Masao.
Yuko tomó el miembro en sus manos y lo acarició. Sintió su textura
sedosa, el suave deslizar de la piel sobre el firme vástago. Lo agitó varias
veces y se lo llevó a la boca introduciéndoselo profundamente. Paladeó su
acre sabor y sus glándulas salivares empezaron a producir llenando su boca
de jugo. Siguió avanzando por el tallo, engulléndolo, como una serpiente lo
hace con su presa, lentamente, ladeando y oscilando la cabeza y afianzando
el bocado en cada movimiento.
Sintió el tope en la garganta. Con habilidad, con la destreza que obliga la
premura, inhibió la natural arcada relajando la garganta hasta acariciar las
cuerdas vocales. Su boca creaba una saliva densa y lubricante que facilitaba
la deglución y su mente controlaba la ingesta, aceptándola, asimilándola,
asumiendo el órgano insertado como algo propio. Una vez hubo encajado el
bocado en toda su extensión, se detuvo allí un instante, oscilando la
cabeza, jactándose de su bocado, pegando la nariz al pubis de Masao,
inhalando el aroma de su virilidad y sintió deseos, anhelos… morbo…
lentamente fue retirándose, deslizándose por el miembro, desempalándose, y
viendo como salía de su boca en una secuencia sorprendente… sintiendo su
garganta tornarse a su medida… La sacó de la boca empapada en saliva que
seguía unida por hilos, filamentos viscosos que ataban como cabos el miembro
a sus labios.
Se metió nuevamente la cabecilla en la boca sorbiendo los jugos y
retirándose de nuevo… Masao le cogió la cabeza y la besó, lamiendo sus
labios, sorbiendo sus jugos de sabores… prosiguió amamantándose, disfrutando
del sabroso mango del sexo mas acelerado. Disfrutando extasiada del placer
que brindaba, más que del que recibía.
Pero tenía dudas, serias dudas, de si estaba dando placer o lo estaba
recibiendo, tomándolo ella misma. Su excitación era tan intensa, tan
profunda... insondable. Percibió en Masao que el tiempo se agotaba, que el
miembro se endurecía, poniéndose rígido, tenso. Latía…. Cuando este la
advirtió de lo inminente, ella ya lo sabía. Se lo metió profundamente en la
boca, en la garganta, latiendo de convulsión y estalló.
Sintió el fluir ardiente de su semilla directamente en la garganta. Masao se
sacudía convulso, extasiado, atormentado por la imperiosa necesidad de las
sacudidas en su miembro durante la eyaculación, pero Yuko permanecía casi
inmóvil, abocada en su presa, ingiriendo el ardiente caldo que había
extraído a su amado con la intensidad de una erupción. Ella misma estaba a
las puertas del clímax, sintió su vulva ardiente de deseo, loca, sintió que
se le endurecía hasta casi producirle dolor, desesperada, ansiosa… a punto
de alcanzar el clímax.
Una lágrima brotó de sus ojos. Se incorporó confundida, extasiada,
sorprendida, confusa… sintió un amor que le emergía desde dentro, un amor
que rebasaba el límite de la pasión, y en plena confusión, maravillada,
estalló en un llanto imparable, desbocado, desgarrador. Masao que apenas
podía reaccionar la miró sorprendido, se asustó. -¿Qué ha pasado? La abrazó,
la abrazó con fuerza y la besó. La besó en el rostro, en los ojos, en la
boca. -Te quiero… te quiero… y la siguió besando en el cuello, en los
pómulos, a lo largo del camino que recorrían sus lagrimas. -¿Qué pasa? ¿Qué
ha pasado?
-No lo se, no lo se… que te amo.
Y se unieron en un abrazo que traspasaba lo puramente físico. Y percibieron
cautivados como se fundían sus almas.
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